31.ago.2014 PALO CORTADO

Un narcotranco se ha comprado una bodega y quiere un cantaor para estrenarla con una pequeña reunión privada, mientras beben vino, comen jamón, langostinos y pescado frito. Es para mañana y no hace falta guitarra.

­–¿Y fulanito?

–Ése es un chori.

–¿Y zutanito?

–Ése no sabe cantar.

–¿Y mengano?

–Se ha metido en política y no quiere que le vean…

–Pues llama al Telefunken.

–Está muy mayor… sufre del corazón y moriría con la excitación de tener señoras guiris tan cerca.

bailarsincabeza pielfort

–¿Y el Monopoly?

–Ha dejado de beber… ha cambiado el amontillado por la cerveza.

–¿Y el Niño Judío?

–Se ha ido a Canarias para ver a una hija que pincha en una macrodiscoteca.

–Habrá que llamar a algún gremlin al final.

–Sólo funcionan en grupo.

–Pero no habrá jaleo, se trata de pasar el mediodía tranquilito tomando unas copas dentro de la sacristía de la bodega.

–Sólo nos quedan los gremlins…

Los gremlins piden dinero fiado y constantemente tabaco, se cuelan en cualquier coche, molestan a las mujeres y a los viejos, palmotean en demasía -como si hubieran descubierto que tienen pulgares y extremidades-, actuando descomponen sus figuras, hablan con la mandíbula batiente, machacan pastillas, van mascando el aire, repiten una y otra vez las mismas frases, derraman los vasos, roban botellas y se llevan las copas de bohemia, se ríen todo el tiempo sin motivos aparentes, se les ahuevan los ojos a unos y a otros se les achican, lucen boqueras como los gorriones y pescuezos como los buitres, confunden los abrigos y no distinguen entre la noche y el día.

–¡No seas ceciliano y llévate un gremlin!

–¿A quién?

–Pues al hijo del Telefunken.

–Ése es un chorizo.

–¿Y el hijo de El Monopoly?

–No puede mezclar la bebida con la meditación.

–¿Y el hijo del Niño Judío?

–Está en las nuevas generaciones de la banda de cornetas y tambores de la burrita, pero lo que le gusta es tocar la caja en carnavales, habrá que preguntarle.

–Tendrán que venir los tres, son inseparables.

–Total, cobrarán como uno…

–Resultarán más baratos que el pescado frito.

–No sé, no sé…

–Siendo tres pegaría llamar a un guitarrista también.

–Ya puestos.

Los gremlins con la guitarra no tienen mucho carrete, la pierden, la cascan o la empeñan, son muy cambiantes y ajumados en bodega olvidan pronto el trabajo musical y se ponen a torear de salón haciendo desplantes, hablan de la luna e incluso vomitan. Un tocaor de verdad siempre se parecerá más a un empleado de banca que a Ara Malikian o Mischa Maisky.

Entre todos los gremlins del cuadro flamenco tenían un diente, y ahora un sueldecito, que ya habían empeñado de antemano para ponerse por adelantado y así cantar “alante” en la bodega. Van muy contentos y puntuales con las señas, acercándose a la pequeña fiesta, donde ofrecerán lo que saben hacer y que han perfeccionado en la calle, en el talego y en las puertas de los bares: cuatro canapés de medios cantes con una tonelada de jaleamientos reconocibles, irritantes y demasiado familiares como parte de la música, como si fueran otro instrumento. Y todo repartido según la técnica de la escuela antigua del ahora tú que después yo…

Y unos extraños son los que se miran, cuatro extraños son los que entre los coches inspiran, unos extraños llamando delante del portón rojo de la bodega, con más mala cara que los flamencos residentes de la Casa Patas del Terror .

Hay algo en sus miradas que los domina cuando un sicario del narcotranco se asoma  y les dice que se vayan, que ya pueden irse, que ya no hacen falta para la fiesta porque han contratado a última hora a un toro mecánico. ¡Eje!

 

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SOBRE EL BLOG
Flamencos de alquiler

Blog de David Pielfort.

AUTOR: David Pielfort
DAVID PIELFORT (1971). Salido de una novela de Dickens, es abandonado por los gitanos. Un banco le compró un cuadro. Su voz retumbó en la Bienal de Arte de Venecia, e Israel Galván ha bailado sobre su cuerpo. Otorgó la llave de oro del cante jondo a Paco de Lucía, en una pielfortmance que televisó La 2.
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