Flamenco un arte popular moderno
Charla de José Luis Ortiz Nuevo con Enrique Morente

El seminario Flamenco, un arte popular moderno se cerró con una conversación entre José Luis Ortiz Nuevo y Enrique Morente (Granada, 1942), un “cantaor largo” que conoce y ama lo antiguo, pero se asoma con valentía a lo nuevo y desconocido. “Un verdadero genio, en palabras de José Luis Ortiz Nuevo, que ha abierto infinidad de puertas para que el arte jondo siga desarrollándose”.

Inquieto, inconformista, rebelde y controvertido, Enrique Morente huye siempre de la autocomplacencia y no ha dudado en interpretar los cantes más tradicionales en ambientes modernos, al tiempo que ha recurrido a lo más experimental de su repertorio cuando ha actuado ante ciertas audiencias de flamencólogos puristas. Siempre abierto al diálogo con otras tradiciones musicales, en 1996 grabó junto al grupo de rock granadino Lagartija Nick el disco Omega, un trabajo que puede considerarse como la obra flamenca que abre las puertas del siglo XXI. Y después de eso, en una nueva vuelta de tuerca, ha realizado otro disco excepcional, El pequeño reloj (2003), donde resuenan los ecos de algunos de los cantaores más emblemáticos de la historia del flamenco, desde el seminal Silverio Franconetti hasta el barroco Antonio Marchena, pasando por Don Antonio Chacón, la inquietante Pastora Pavón, la gracia de Pericón de Cádiz o la sabiduría de Juan Varea.

.- José Luis Ortiz Nuevo: Ya en los inicios de tu carrera, dabas muestra de una actitud rebelde e inconformista, cantando malagueñas y otros “palos apretaos” a los rojos y poemas de Miguel Hernández a los flamencos más ortodoxos. ¿Por qué siempre te has empeñado en hacer cosas que no convenían?

.- Enrique Morente: El cuerpo a veces te pide complacer y otras hacer la puñeta. De algún modo, me he visto siempre obligado a no caer en la autocomplacencia, aunque, en realidad, no me gustan nada los follones ni los líos, sino la tranquilidad, la normalidad. Pero ten en cuenta que, al final, uno no decide donde cae, sino que lo hace donde le lleva el aire.

 

.- J.L.O.N: Eres un apasionado aficionado a la poesía, tanto a la popular como a la de autor. De hecho has interpretado textos de numerosos poetas españoles y es casi imposible encontrar una letra mala en tu repertorio. Explícanos ese “punto” tuyo con la poesía.

.- E.M: Antes que nada quiero hacer una aclaración: no todas las letras que canto son serias, también me gustan lo que yo llamo “fandanguillos de posguerra”, con sus letras vanas sobre juergas y borracheras, que me ayudan a quitar algo de solemnidad y trascendencia al asunto. Volviendo a la pregunta que me has realizado, recuerdo que al principio, la adaptación que hacía de poemas de escritores cultos, tenía algo de reto. Pensaba, “si a mi gusta leer a García Lorca, por qué no lo voy a cantar”. Y así fueron saliendo las cosas, de un modo natural, sin forzarlas. En cualquier caso, creo que habría que replantearse la separación tajante que se suele hacer entre poesía popular y culta. Yo estoy convencido de que muchísimas letras históricas del cante jondo, fueron realizadas por escritores cultos. Y a la inversa, esto es, hay muchos textos de origen popular dentro de la poesía culta. Últimamente he descubierto a María Zambrano, una mujer de la que había oído hablar mucho, pero que nunca había leído. No es sólo una gran filósofa, sino también una poeta excelente, y muchas de sus reflexiones están escritas de forma tan bella que parecen versos.

 

.- J.L.O.N: ¿Es jondo Leonard Cohen?

.- E.M: Bajo mi punto de vista sí. Desde luego su voz no es muy atimbrada (risas) y sus textos son sumamente intensos y arrebatadores. Él es un enamorado de la poesía andaluza, no sólo de Lorca. También se podría decir que Walt Whitman es jondo. Pero más allá de las etiquetas, creo que el futuro del flamenco pasa por su capacidad de abrirse a otras sensibilidades musicales. Si no lo hiciera, si los cantaores y tocaores actuales se limitaran a repetir lo que han hecho sus antecesores, el flamenco terminaría siendo una manifestación folclórica más, tan bella como fosilizada. Y que conste que a mi encanta el folclore. Pero el flamenco, a día de hoy, está muy vivo, sigue siendo un mundo en el que abunda la imaginación y la creatividad. No es una música de museo.

 

.- J.L.O.N: ¿Pero no crees que esa creatividad, ese afán innovador, debe basarse en un profundo conocimiento de las fuentes?

.- E.M: Claro que sí. Pero no podemos olvidar que fuentes hay muchas. Para unos pueden estar en los cantaores antiguos, otros buscarán en la génesis de los ritmos jondos… Estamos en un momento histórico en el que la tecnología nos permite acceder fácilmente a todo tipo de músicas. Quizás a demasiadas, porque es imposible escuchar (y asimilar) todo lo que te interesa. Personalmente, lo que más me gusta es la mezcla de lo antiguo con lo moderno, de lo ancestral con lo contemporáneo. Por ejemplo, el otro día estuve en un hotel que acaban de inaugurar en pleno Barrio Gótico de Barcelona. Está rehabilitado con un gusto muy moderno, pero se integra a la perfección en ese espacio urbano de origen medieval. Me encantó la combinación.

 

.- J.L.O.N: Tú, cuando “rehabilitas” estilos flamencos, le echas mucho valor. Por ejemplo, tu revisión de la seguiriya en Omega es muy arriesgada. En ella eres capaz de fusionar dos lenguajes musicales muy diferentes (flamenco y rock), sin que nada chirríe.

.- E.M: Pero no sólo es valor, también hay mucho de inconsciencia y de rebeldía, de necesidad de buscar la “tecla” adecuada para expresar ciertos sentimientos y pensamientos. Y no se puede obviar la influencia que ha ejercido el azar (no lo fortuito) en toda mi obra. Ese disco, por ejemplo, se empezó a gestar cuando conocí a Leonard Cohen en Madrid y le dije que me encantaría cantar algunos textos suyos. Gracias a su recreación del poema “Pequeño vals vienes” (que incluyó en su disco I´m your man) comencé a introducirme en el universo de Poeta en Nueva York de Lorca. Y de repente, ya estaba embarcado en el proyecto Omega con Lagartija Nick. En el arte, como en la vida, unas cosas te llevan a otras, y de ese modo surgen la mayor parte de los trabajos. Te pongo otro ejemplo. Desde un principio, concebí El pequeño reloj como un disco dedicado al toque flamenco de acompañamiento con el que quería homenajear a algunos de los mejores guitarristas de la historia del arte jondo. Mientras lo estaba componiendo, me encontré casualmente con un poema de León Felipe que vi que se adecuaba perfectamente a lo que trataba de contar. Ese azar determinó la configuración final del proyecto.

 

.- J.L.O.N: Eso me recuerda lo que Lezama Lima decía del azar concurrente. Yo creo que hay en ti un “azar concurrente” (una sintonía profunda) con Manuel Machado, el “golfo” de los Machados…

.- E.M: Bueno, yo no soy un golfo (risas)…, sólo que, por el oficio que tengo, a veces, no me queda más remedio que trasnochar.

 

.- J.L.O.N: En tu situación actual, después de tantas batallas y de tantos obstáculos superados, ¿puedes mirar atrás y sentirte satisfecho de lo que has conseguido?

.- E.M: Satisfecho, satisfecho sólo están los tontos. Siempre sientes que algo se puede mejorar. Y eso, en realidad, es positivo, porque te impulsa a seguir investigando. Pero, sin duda, ahora estoy un poco más tranquilo, tengo más seguridad que antes cuando emprendo un proyecto nuevo.

 

.- J.L.O.N: ¿Has tenido que soportar muchas zancadillas a lo largo de tu carrera?

.- E.M: Bueno, más o menos las mismas que cualquier otro artista. A mí me ha tocado vivir una época de transición en el flamenco. Cuando empecé, la única plataforma de promoción que teníamos los cantaores eran los tablaos, y sólo los más afortunados podían grabar discos. Después llegaron los festivales… pero todo seguía siendo muy precario. Sea como sea, yo creo que cada época tiene sus propios problemas, sus ventajas y desventajas.

 

.- J.L.O.N: Si te encuentras a alguien que defiende tus argumentos como si fueran una verdad absoluta, ¿qué le dirías?

.- E.M: Primero le invitaría a que se tomara una copa y después le aconsejaría que se tranquilizara y relativizara las cosas. Yo creo que hay que evitar los dogmas, sean del tipo que sean, porque no dejan libre el oído. Hay que aprender a distinguir la calidad de una propuesta con independencia de su procedencia, evitar prejuicios y planteamientos estéticos demasiado rígidos. Afortunadamente creo que, en la actualidad, hemos logrado liberarnos de muchos de los dogmas y tópicos que existían en el mundo del flamenco.

 

.- J.L.O.N: Coméntanos algo de tu colaboración con las Voces Búlgaras.

.- E.M: Son unas voces deliciosas, conmovedoras, que utilizan, como nosotros, la expresión del quejío. Cuando las escuché por primera vez me quedé absolutamente fascinado. Sinceramente, no logro entender que no hayan tenido más éxito, porque son maravillosas.

 

.- J.L.O.N: A pesar de tu defensa reconocida del laicismo, siempre te has interesado mucho por el arte religioso. De hecho, has interpretado textos de poetas místicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús e incluso has compuesto una Misa Flamenca

.- E.M: El arte sacro es, probablemente, el que más me gusta. Creo que los valores y sentimientos religiosos han inspirado muchas de las obras artísticas (tanto pictóricas, como musicales, literarias o arquitectónicas) más excepcionales de la historia de la humanidad. En cualquier caso, con independencia de que yo sea creyente o no, considero que la afición por el arte religioso no se contradice con una sólida y activa defensa del laicismo y de los derechos civiles. Ahora bien, cuando publiqué el disco de la Misa Flamenca en 1991, llegué a temer que hubiera gente que pensara que yo era un “capillita” (risas).

 

.- J.L.O.N: ¿Es en la noche y en la madrugá cuando te sientes más cómodo?

.- E.M: Al contrario, a mí me gusta mucho el día. Y el campo y el aire libre. En realidad, no me gusta la noche ni los espacios urbanos cerrados, pero es lo que me ha tocado vivir y trato de sacarle el máximo partido posible. De verdad, si pudiera, me iba a vivir una buena temporada a uno de esos países nórdicos en los que durante el verano todo el tiempo es de día. Porque para mí, lo ideal es un cuarto de hora de noche y el resto del tiempo de día.

 

.- J.L.O.N: ¿El flamenco es necesariamente una música de la tristeza, de la pena, o también puede transmitir otros sentimientos?

.- E.M: Es, sin duda, una música trágica y dramática, pero que se interpreta siempre con mucha gracia y desenfado, como si no se le diera importancia a las desgracias que se relatan. De hecho, se cantan letras extremadamente dolorosas, pero en ningún momento se genera una sensación depresiva. Creo que eso es una de las cosas que más me gusta de este arte, ese vitalismo desesperado, esa sensación de estar quemándote en llamas vivas, pero manteniendo la alegría.

 

.- J.L.O.N: Y la guitarra, ¿quién es?

.- E.M: Pues es una señora bastante simpática con la que me llevo estupendamente (risas). Ahora en serio, para mí es un instrumento muy especial. Me gusta mucho. De hecho en casa tengo un montón de guitarras. Bajo mi punto de vista es esencial para aportar belleza y armonía a los cantes. Y, desde luego, sin ella el cante flamenco sería otra cosa. No tendría nada que ver con lo que escuchamos ahora.

 

.- J.L.O.N: Tú, en estos momentos, utilizas mucho los medios mecánicos y tecnológicos.

.- E.M: Más exactamente me rodeo de técnicos que saben usarlos y yo me limito a decirles lo que quiero. Creo que es absurdo negar la importancia de estos medios en la sociedad contemporánea. Dentro de la música son un elemento fundamental que realmente facilitan numerosas tareas y abren infinitas posibilidades, tanto en la composición, como en la producción y en la interpretación.

 

.- J.L.O.N: ¿Cómo ha sido tu experiencia con intérpretes y compositores de música clásica?

.- E.M: Muy buena. Me hubiera gustado estudiar música, pero las circunstancias no me lo permitieron y, al fin y al cabo, no se puede hacer todo en esta vida. Creo que las nuevas generaciones tienen más oportunidades para formarse. Y deben hacerlo, porque el conocimiento es siempre beneficioso para la creación artística. Hubo una época en la que para quedar bien en el mundo del flamenco, había que presumir de ignorancia y algunos tocaores y cantaores llegaron a ocultar sus conocimientos. Afortunadamente eso ya ha cambiado.

 

.- J.L.O.N: ¿Sigues escuchando a Don Antonio Chacón?

.- E.M: En la actualidad, con tantas obligaciones sociales, profesionales y familiares, suelo tener mucho menos tiempo del que quisiera para sentarme y escuchar tranquilamente a los cantaores antiguos. Pero, en cualquier caso, sigo admirando la sabiduría y la enorme capacidad de inventiva de Chacón y de otros muchos artistas de su época.

 

.- J.L.O.N: ¿No está el flamenco demasiado institucionalizado? ¿No crees que le hace falta un nuevo “revolcón con lo canalla”?

.- E.M: Todo no se puede tener en esta vida. Antes nos quejábamos de que el principal (y casi único) medio de supervivencia de los flamencos fueran las fiestas. Ahora, existe una infraestructura industrial e institucional que permite que muchos artistas puedan vivir de su trabajo. Sinceramente, yo creo que la situación actual es mucho mejor, aunque, como es lógico, tenga sus inconvenientes (el progreso sin perder nada es imposible).

 

.- J.L.O.N: ¿Y hasta qué punto existe un peligro de que las imposiciones de la actual industria musical (con las discográficas convertidas en “fábricas de temitas”) acaben exterminando el flamenco?

.- E.M: En el mundo actual la dimensión comercial de la música es inevitable. Y tampoco creo que haya que rasgarse las vestiduras por eso. Es algo que, de una u otra forma, siempre ha ocurrido. No podemos engañarnos. Un cante por seguiriya nunca se va a programar en los 40 principales, donde se pondrán siempre músicas más asequibles para el público joven. Además, hay mucha gente dentro del flamenco que no está por los “temitas”, que quiere hacer (y hace) cosas de calidad. Aunque, por supuesto, también existe, como en todos los ámbitos de la creación artística, aprovechados que sólo buscan el beneficio económico, sin importarles lo que haya que hacer para conseguirlo. En cualquier caso, creo que no hay razones para el pesimismo, pues existe un público, tanto en España como en el extranjero, para el cante, el baile y el toque de calidad.

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