26.nov.2013 APARECIDOS

Encima de una cómoda muy alta y vieja hay una gramola oxidándose. El pañito la separa del contacto con la madera. Ripoll toca con los nudillos sobre el mueble, dándole forma a un ritmillo peludo, como si llamara tímidamente a la puerta de un médico, o calculara con el oído el contenido líquido de un barril.

–¿Estás haciendo morse?

–Estoy conectando mediuménicamente  con Tío José de Paulatoc-toc… toc… el dueño de la gramola… toc-toc… toc… trocotroc… la gramola era la suya…

–¿Y es buena?

–De caoba.

–Digo la gramola.

–La gramola no dice nada… toc-toc… toc… es la personita la que dice lo que lleva dentro… pero este aparato estaba todo el día en la calle… era muy solicitado… toc-toc… toc…

La bocina metálica del gramófono de repente giró a diestro su gran boca hacia Ripoll, que ni se inmutó.

–Debe estar rota… (toc-toc… toc)… qué raro, esos últimos toques no los he dado yo –pensó– . Al flamenco le pasa como a la ouija, que siendo un simple juego de mesa ha pasado a convertirse en un tablero –o tablao– demasiado serio…

–Pero se trata de una seriedad interesada.

–¡Claro!…cuando en el castillo no hay nada que enseñar o vender pues el dueño se inventa un fantasma… se abren las arcas y desfilan todos los espectros del pasado… exigiendo la alta fidelidad a la herencia musical… pero ¿qué herencia ni memoria histórica?… como si hubiera una memoria palante… como si hubiera fantasmas del futuro… esta gramola sí que fue una herencia, palpable… él mismo pielfortmarquesdomecq se la dejó al marqués de Domecq en un picnic, total que no se la devolvió porque tenían mucha amistad…  y  después una tarde el señor marqués se la regaló a Manuel Torre diciéndole: –… esto sí que es un pollo inglés que canta sin echarle de comer… y le endiñó hasta un taco de sobres con los propios discos de Manuel incluidos… y de él pasó la máquina a Tío José de Paula… pero antes el artefacto había ido rodando por casi todas las casas y patios del barrio… que si ahora está en casa de fulano… que si se la ha llevado ahora mismo menganito… así que todo el mundo se aprendió el mismo disco de memoria como las cotorras… y allí estaban todos, los grandes, pequeños y más chicos mirando el cartón dando vueltas, dando vueltas… más vueltas que la misma gramola… era una procesión de barrio interminable… cruzabas una calle y veías el dichoso embudo dorado de latón asomándose por la esquina… el mismo Manuel se tuvo que ir a Sevilla…  harto de escucharse a sí mismo allá por donde iba… yo, que he estado en el Broadway, he visto andando por la calle a los negros del rap con la radio a cuestas, pues pasaba lo mismo ¿o no?… otros dicen que Manuel se fue a comprar unos relojes… para saber qué… ¿la hora de comer en los tiempos de la  hambre?… y además no creo que Tío José se fuera hasta el Japón… pero esta gramola sí… porque en la chapita dorada que tiene aquí atornillada al lado de la manivela pone: C-h-i-n-a… que está hecha en la China, vamos.

La bocina del gramófono volvió a girar a siniestro, chirriando sobre sí misma. Ripoll se rascó la cabeza, salió del archivo sonoro andaluz, y se despidió del guardia jurado en la puerta del edificio, que no había recibido más visitas que la de Ripoll y estaba completamente vacío.

–No señor, los técnicos y el delegado no han venido hoy… y por la hora que es ya no se pasarán… seguro.

–Haga el favor de decirles que Ripoll ha vuelto… que he vuelto, pero a cantar, no a recoger placas… ni pedir homenajes ni dinero.

–Sí señor, pero ya sabrá que… ahora con la crisis hay más cantaores que público.

En la calle había una claridad extraña, la causa era que faltaba una bodega y su fachada, que habían sido derribadas para hacer pisos. Faltaba media calle. Empezó a lloviznar y los excrementos de los perros aquilatados durante el verano comenzaron a hidratarse, apareciendo más peligrosos y abundantes. Ripoll los esquivaba pensando, otra vez, que tanto en la ouija como en el flamenco se había perdido ya hasta el vaso, de vino. ¡Huye!

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SOBRE EL BLOG
Flamencos de alquiler

Blog de David Pielfort.

AUTOR: David Pielfort
DAVID PIELFORT (1971). Salido de una novela de Dickens, es abandonado por los gitanos. Un banco le compró un cuadro. Su voz retumbó en la Bienal de Arte de Venecia, e Israel Galván ha bailado sobre su cuerpo. Otorgó la llave de oro del cante jondo a Paco de Lucía, en una pielfortmance que televisó La 2.
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