La noche española
Aproximación a la imagen de Andalucía y los andaluces en Cataluña, 1792-1936

En su intervención en el seminario La noche española. Flamenco, vanguardia y cultura popular, Eloy Martín, profesor titular de Historia Moderna de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, analizó una serie de imágenes aparecidas en diferentes publicaciones catalanas desde finales del siglo XVIII hasta la década de los treinta del siglo pasado que reflejan la evolución de la percepción que durante esos años se tuvo en Cataluña de Andalucía y de los andaluces. A modo comparativo, en la fase final de su presentación Eloy Martín también mostró algunas imágenes producidas desde el comienzo de la transición hasta la actualidad, un momento marcado por la llegada de nuevos inmigrantes que, de algún modo, juegan el papel que antes desempeñaban los emigrantes andaluces y de otras regiones de España.

A juicio de Eloy Martín, entre 1792 y 1936 se pueden distinguir tres periodos claramente diferenciados en la evolución de la imagen de Andalucía en Cataluña. El primer periodo abarcaría de 1812 hasta 1906, cuando predomina una visión dulcificada y amable de todo lo que tiene que ver con Andalucía. Un segundo periodo se extendería entre 1906 y 1931, un momento en el que, coincidiendo con una primera expansión del nacionalismo catalán, la valoración de lo andaluz comienza a ser mucho más negativa. Ese deterioro de la imagen de lo andaluz se acrecienta en los años treinta, cuando en los ambientes nacionalistas se llega a culpar directamente a gente llegada de fuera de Cataluña (en muchos casos de Andalucía) de la situación de violencia y caos que vive el país.

Entre la fascinación exótica y la sincera empatía solidaria, a lo largo del siglo XIX la valoración de lo andaluz (y de todo lo que lleva asociado: el flamenco, los toros…) en Cataluña fue bastante positiva. A la extensión de esa imagen contribuyó de forma significativa el hecho de que Andalucía, desde la creación de las Cortes de Cádiz que aprobaron la constitución liberal de 1812, había liderado la lucha contra las tropas napoleónicas. Hay que tener en cuenta que durante todo el siglo XIX (y, en menor medida, hasta la Guerra Civil) el sentimiento nacionalista español fue mayoritario en Cataluña (siendo, paradójicamente, el franquismo el que más contribuyó a su conversión en una fuerza minoritaria). Esa empatía y solidaridad se mantuvo a lo largo de todo el siglo XIX gracias a la alianza que se estableció primero entre los militantes liberales y republicanos de ambas regiones y más tarde entre colectivos andaluces y catalanes ligados al movimiento obrero.

Fue un siglo en el que la representación de lo andaluz comenzó a cobrar protagonismo en la iconografía popular catalana. Tanto la publicidad como las revistas ilustradas de la época (La Ilustración Ibérica, La Saeta…) incorporaron numerosas referencias a temas y motivos andaluces, casi siempre en tono positivo. “En la literatura popular, en las revistas gráficas, en los espectáculos teatrales”, subrayó Eloy Martín, “la presencia de lo andaluz es abrumadora, no sólo en Barcelona, sino también en lo que se conoce como la ‘Cataluña profunda’: las ciudades del interior, mucho menos cosmopolitas y abiertas que la capital”.

Hay que tener en cuenta que en el siglo XVIII la influencia de Andalucía y de personajes andaluces en la cultura catalana había sido obviada. Por ejemplo, casi no existen documentos iconográficos que hagan referencia al origen sevillano del Marqués de la Mina, capitán general de Cataluña desde 1747 hasta 1767 y uno de los principales impulsores del desarrollo urbano de Barcelona. Los primeros personajes andaluces que aparecen en la literatura de cordel catalana son marineros, a los que se suele presentar como hombres apuestos y seductores que mantienen una tormentosa relación romántica con mujeres autóctonas. “Curiosamente”, señaló Eloy Martín, “se elaboraban dos versiones de estas historias: una con final feliz y otra con un desenlace adverso (que en la mayor parte de los casos estaba motivado por las diferentes costumbres de los amantes: ellos, holgazanes y caóticos; ellas, laboriosas y ordenadas)”. Esta imagen tópica de los andaluces se reproduce en el tratamiento gráfico que se realiza de los gitanos, frente a los que se mantiene una actitud ambigua: por un lado, se les admira por sus dotes artísticas; por otro lado, se les teme porque se considera que no son de fiar.

En la segunda mitad del siglo XIX se multiplica la presencia de referencias andaluzas en la publicidad, tanto por el aumento de anuncios de productos que se asocian con Andalucía como por la implantación de algunas empresas y firmas de esta región en Cataluña. De hecho, hay algunas investigaciones que calculan que a finales del siglo XIX había más de treinta empresas andaluzas establecidas en Cataluña.

Ejemplos claros de la solidaridad de la sociedad catalana de la época con Andalucía y otras regiones de España fueron las campañas que se llevaron a cabo para ayudar a los damnificados de catástrofes naturales. En dichas campañas participaban activamente antiguos voluntarios catalanes de la Guerra de África o Primera Guerra de Marruecos (1859-1860) que, movidos por un sentimiento patriótico españolista, cada vez que se producían estos desastres, se vestían con sus uniformes de gala y salían a la calle para recaudar fondos.

Coincidiendo con la expansión del nacionalismo catalán, entre 1906 y 1931 se extiende una imagen mucho menos amable de Andalucía y de los andaluces. Desde los primeros años del siglo XX (momento en el que se fundó la Lliga Regionalista, cuyo sucesor político e ideológico es Convergència i Unió) se multiplicaron las voces que planteaban la necesidad de que las iniciativas sociales y solidarias que se llevaran a cabo en Cataluña debían centrarse en problemas que afectaban directamente a sus habitantes. En este sentido, Eloy Martín mostró una viñeta aparecida en una publicación nacionalista en la que se denunciaba que mientras se dedicaba una gran cantidad de dinero a ayudar a las víctimas de una inundación en Málaga, se permitía que pequeños propietarios catalanes tuvieran que cerrar sus negocios “ahogados” por la presión fiscal.

En esos años, lo andaluz comienza a adquirir connotaciones peyorativas. Por ejemplo, abundan en la prensa nacionalista las ilustraciones que disfrazan de andaluces a los políticos que consideran corruptos y/o demagógicos. En este punto de su intervención, Eloy Martín mostró algunas viñetas aparecidas en estas publicaciones en las que, entre otras cosas, se critica la “excesiva presencia” de obras de temática andaluza en la cartelera de los teatros catalanes; se hacen burlas de fiestas populares como la Semana Santa de Sevilla; o se propone que a la guerra de Marruecos, en vez de a catalanes, se envíe a más “gente del bronce” (personas, a menudo de origen andaluz y/o etnia gitana, ligadas a ambientes marginales).

Para Eloy Martín, 1906 es una fecha clave en el proceso de transformación que experimenta en Cataluña la imagen de Andalucía, porque ese año varias bailaoras flamencas fueron asesinadas en Barcelona por sus respectivos chulos, novios o amantes, todos ellos andaluces. Esa identificación de lo andaluz y lo flamenco con el machismo estructural y la delincuencia común quedaría fuertemente arraigada en la sociedad catalana, como demuestra una viñeta realizada muchos años después en la que aparece un individuo -vestido de andaluz- maltratando a una mujer.

En la década de los treinta del siglo pasado, la imagen de los andaluces en Cataluña no sólo se asoció a la delincuencia común y al crimen pasional, sino que también se identificó con la violencia revolucionaria y las acciones subversivas de grupos como la CNT. De hecho, influyentes historiadores catalanes como Vicens Vives o Ferrán Soldevilla han difundido la idea de que la mayoría de los disturbios y procesos revolucionarios que se produjeron en Cataluña durante aquellos años fueron promovidos por “agentes extranjeros”, muchos de ellos andaluces. Por ejemplo, Ferrán Soldevilla, hablando de tres estudiantes sevillanos de medicina que participaron en el nacimiento de la Asociación Internacional de Trabajadores, llega a asegurar que “el sentido cooperativista y pacífico natural de la menestralía catalana, fue aniquilado por estos andaluces temperamentales y ociosos”. Y un periódico catalanista de la época publicó una viñeta en la que aparecían varios emigrantes siendo trasladados a Cataluña con la intención de que generaran desórdenes e impidieran el progreso del país.

Ya desde principios del siglo XX, cuando la prensa nacionalista quería criticar la actitud anticatalanista de determinados políticos les solía representar vestidos de toreros (Alejandro Lerroux) o de folclóricas (Royo-Villanova). En los años de la II República y de la Guerra Civil (1931-1939) esta prensa llevó a cabo una progresiva identificación iconográfica del mundo de la CNT con lo andaluz. Al principio, la identificación era más o menos indirecta, representando a los seguidores de este sindicato anarquista como “golfillos” cuyos modales y vestimentas eran propios de los ambientes marginales en los que se solían mover los flamencos. Después, la identificación se hizo explícita, como demuestra una viñeta que proyectó Eloy Martín en la que se representa a Carmen como una terrorista anarquista que en vez de empuñar una navaja, lleva una bomba. “Aquí”, subrayó Eloy Martín, “ya es clara la identificación de lo andaluz y todo lo que lleva asociado (el flamenco, los toros, el alcohol..) con la revolución, la muerte, el caos…”.

En la fase final de su intervención en el seminario La noche española. Flamenco, vanguardia y cultura popular, Eloy Martín mostró algunas imágenes que se han realizado durante los últimos veinticinco años que reflejan una problemática que influye de forma sustancial en la percepción que se tiene actualmente en Cataluña de Andalucía y de los andaluces. Ante la llegada de “nuevos bárbaros” procedentes de zonas geográficas y culturales mucho más distantes, ciertos sectores de la sociedad catalana se han planteado la necesidad de establecer una especie de alianza con los antiguos inmigrantes (andaluces, extremeños, murcianos…). A juicio de Eloy Martín, la coalición entre PSC, ICV-EUiA y ERC para formar gobierno podría interpretarse como un fruto indirecto de esa alianza (no hay que olvidar que el actual presidente de la Generalitát, José Montilla, nació en la localidad de Iznájar, Córdoba).

En este contexto, advirtió Eloy Martín, se han generado algunas “imágenes terroríficas” que de forma explícita o implícita (lo que es mucho más peligroso) transmiten mensajes xenófobos. Entre otros ejemplos de esto puso una octavilla elaborada en los años ochenta por un pequeño partido nacionalista catalán de extrema derecha que reclamaba la expulsión de los inmigrantes magrebíes y subsaharianos mostrando la huella de un zapato en el culo de un personaje vestido con chilaba; una viñeta publicada recientemente por un periódico de Vic (“la capital de la Cataluña profunda”) en la que aparece una mujer vestida con traje flamenco diciéndole a un inmigrante marroquí “¡a ver si os integráis!”; y un dibujo de Carlos Azagra (colaborador habitual de la revista satírica El Jueves) en el que se ve a dos personajes “disfrazados de andaluces” que, tras visitar la Feria de Abril de Cataluña, se dirigen al recinto del Fórum de las Culturas, donde un representante del Ayuntamiento de Barcelona les impide el paso argumentando que es un evento reservado para “culturas con pedigrí”.

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